El lenguaje inclusivo en español

Lenguaje inclusivo en español

El lenguaje inclusivo es un tema de actualidad con tantos defensores como detractores. Para algunas personas, se trata de la forma de acabar con prejuicios y estereotipos tan afianzados en la sociedad de los que ni siquiera nos percatamos, mientras que para otras no es más que un sinsentido que entorpece la comunicación. Y es que ya lo dice el refrán «para gustos, colores».

Independientemente de vuestra postura al respecto de este tema tan controvertido, lo cierto es que el lenguaje inclusivo es cada día más importante, principalmente en sectores como el audiovisual, el publicitario o el educativo. Es por eso que hoy os ofrecemos un breve recopilatorio de las diferentes claves para adoptar un estilo más inclusivo en vuestros textos en español.

¿Qué es el lenguaje inclusivo?

Las Naciones Unidas definen el lenguaje inclusivo en cuanto al género como «la manera de expresarse oralmente y por escrito sin discriminar a un sexo, género social o identidad de género en particular y sin perpetuar estereotipos de género». En los últimos tiempos, debido a los cambios en la sociedad y al auge del movimiento feminista y LGTBI+, ha cobrado especial relevancia en nuestras vidas. De todos modos, esto no es algo que afecta solamente al español, sino que está presente en todos los idiomas en mayor o menos medida. De hecho, en las próximas semanas os hablaremos acerca del uso del lenguaje inclusivo en cuanto a género aplicado al inglés.

Con todo, a la hora de usar el lenguaje inclusivo tenemos que tener muy en cuenta una serie de factores como:

✔️el tipo de comunicación (oral o escrita) y su finalidad

✔️el contexto comunicativo y el público al que nos referimos

✔️la naturalidad del lenguaje: uso de diferentes estrategias y apuesta por la claridad, entre otros

El género en español

El género gramatical en español se manifiesta en los sustantivos, pronombres y adjetivos de los que se compone el idioma. En su inmensa mayoría existe solamente el morfema masculino y femenino, y la forma de marcar el género de las palabras es por medio de morfermas y terminaciones (niño, niña), heterónimos o palabras con distinta raíz etimológica (mujer, hombre) y el uso de determinantes para palabras que no alteren la forma en función del género (el estudiante, la estudiante).

Hasta aquí todo claro, pero ¿qué pasa en aquellos contextos en los que tenemos que hacer alusión a grupos con miembros de distintos sexos? En estos casos, la opción más popular (y controvertida) pasa por echar mano del conocido como masculino genérico. Este recurso consiste en el uso de sustantivos masculinos para referirse a un colectivo sin distinción de sexos. Con todo, en la actualidad es una opción muy cuestionada, debido a que muchos hablantes consideran que se trata de un uso del lenguaje sexista y es, en gran medida, el detonante del debate en torno al lenguaje inclusivo. Pero ¿cuál es la postura académica al respecto?

Según la RAE, «el uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino». Su postura, por lo tanto, es clara con respecto al uso de diferentes recursos estilísticos, como el desdoblamiento del que te hablaremos a continuación, que considera completamente fuera de lugar al no respetar la economía del lenguaje ni apostar por la claridad textual.

El desdoblamiento léxico

¿Os suena los controvertidos «todos y todas», «los niños y las niñas» o «los estudiantes y las estudiantes»? Pues en eso consiste básicamente el desdoblamiento léxico.  Básicamente se trata de la mención de los dos géneros en aquellos contextos en los que resulte adecuado y posible, siempre y cuando se respete también la naturalidad y la claridad del lenguaje.

El desdoblamiento léxico se puede realizar usando conjunciones o incluso otros elementos tipográficos como la barra o los paréntesis (abogado(a), abogado/a). De todos modos, es importante resaltar que no es aconsejable utilizar desdoblamientos continuamente a lo largo del texto para evitar que este se vuelva pesado o confuso, por lo que es recomendable utilizarlo junto con otros recursos.

Cabe destacar que la RAE no considera el desdoblamiento una solución natural, pero organismos como la Fudéu o las Naciones Unidas apuestan por el uso de este recurso.

Profesiones, puestos y cargos

La semana pasada os hablamos acerca de la relación estrecha existente entre lengua y realidad y mencionábamos que esto podría crear problemas de representación sobre todo en algunos sectores que no solemos asociar con mujeres. Este es principalmente el caso de determinadas profesiones que antiguamente eran desempeñadas solo por hombres, por lo que en la actualidad no contamos con sustantivos lo suficientemente afianzados en la lengua para hacer referencia a las mujeres que se han incorporado a estos sectores.

Es el caso de palabras como «jueza», «médica» o «ingeniera». Pese a que existen en nuestro idioma y están recogidas en el diccionario, son tan poco habituales en nuestro imaginario colectivo que podemos ver con más frecuencia de la que nos gustaría soluciones como «mujer científico» o el uso del masculino genérico. Si queremos hacer uso del lenguaje inclusivo en nuestros textos, es recomendable utilizar los femeninos de estas palabras para que poco a poco se vayan naturalizando en nuestra lengua.

Otra alternativa sería no visibilizar el género cuando no lo exija la situación comunicativa y recurrir, en su lugar, al uso de sustantivos colectivos (la vicepresidencia), a la mención de instituciones u organismos (la comisión, en lugar de los miembros de la comisión) o de estructuras como «el equipo» o «el cuerpo» (el cuerpo docente, en lugar de los docentes).

La equis, la @ y la e

En los últimos tiempos han surgido recursos creativos para dar alternativas al masculino genérico. Este es el caso del uso de la equis (todxs o nosotrxs), de la arroba (niñ@s) y de la -e (todes, nosotres), pero estas fórmulas, pese a resultar efectivas, son demasiado artificiales en nuestro idioma e imposibles de pronunciar como para que puedan utilizarse como recurso estilístico en un contexto oral. Por ese motivo, aunque incluso la RAE recoge el uso de la arroba como opción para evitar la marcación de género, se recomienda hacer uso de otros recursos para optar por el lenguaje inclusivo.

Con todo, estas opciones estilísticas son tan populares en pancartas y redes sociales que solo el tiempo dirá si finalmente los hablantes acaban adoptándolas y normalizándolas.

Evitar expresiones discriminatorias

Un factor muy importante para erradicar de nuestro día a día las marcas sexistas y discriminatorias de nuestro idioma es evitar expresiones que ayuden a fijar prejuicios o estereotipos en la sociedad. Esto es algo muy complicado, ya que en la mayoría de los casos son frases hechas que utilizamos de forma inconsciente, como «los hombres no lloran» o «corres como una niña». Del mismo modo, es recomendable evitar formulaciones que perpetúen estereotipos de género como «enfermeras y médicos» y optar por «el personal sanitario».

En relación con este tema, también es importante hacer mención a las formas de tratamiento. Es decir, si como opción masculina solo contamos con «Sr.», tiene sentido que para su variante femenina solo contemplemos el uso de «Sra.» y dejemos de lado la opción «Srta.».

Otras opciones

Existen otras opciones en español para poder utilizar un lenguaje más inclusivo:

  • La pasiva («el formulario se debe presentar antes del 15 de agosto», en lugar de «los interesados deben presentar el formulario antes del 15 de agosto»)
  • El infinitivo y el gerundio («esforzándonos…», en lugar de «si todos nos esforzamos…»)
  • Adjetivos sin marca de género en lugar de sustantivos («los problemas vecinales», en lugar de «los problemas de los vecinos»)
  • Omisión del agente («habrá un debate», en lugar «los miembros tendrán un debate»)

Está claro que el uso del lenguaje inclusivo es mucho más complicado de lo que podría parecernos en un principio. Con todo, en los tiempos que corren es muy necesario para no herir sensibilidades y asegurarnos de que nuestro mensaje llega a todos los receptores en la misma medida.

El uso y la normalización de las diferentes estrategias es el único modo de consolidar estos cambios en nuestra sociedad de forma que en el futuro este debate ya no sea necesario.

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